La noche estrellada
La siempre tranquila Roccia te pide ayuda urgentemente. Ve al Varadero y revisa a los peregrinos desterrados.
Responde la llamada de Roccia.
Roccia: Hola, Errante.
Roccia: ¿Te importaría pasarte por el Varadero cuando tengas un rato?
Roccia: Pues... Como no están ni Brant ni Bardolino, me encargaron que me ocupara de las bienvenidas.
Roccia: Estoy un poco nerviosa. Una parte de mí solo quiere meterse en la caja... Perri está superestresada por mi culpa.
Perri: Perri, perri...
Roccia: Tiendo a tartamudear cuando hablo con la gente... Me preocupa no poder hacer un buen trabajo acomodando a todos.
Roccia: Si el mismísimo Laureado estuviera aquí, no estaría tan nerviosa. Las cosas serían más fáciles.
Roccia: Ahora que eres nuestro nuevo Laureado, necesitamos tu ayuda, Errante.
Dirígete al Varadero.
Roccia: Es hora de brillar.
Roccia: Gracias por venir, Errante.
Roccia: Todos están algo alterados... Hemos tenido días mejores...
Errante:
Roccia: Agitado no, más bien atemorizado.
Roccia: Están aterrados.
Roccia: En la troupe, quien más, quien menos ha pasado apuros con las Disonancias Tácitas. Y ese miedo no se olvida así como así. No todo el mundo es como tú.
Roccia: Perri y yo no las teníamos todas con nosotras para mantener a la gente a salvo. Sin embargo, al verte en acción, abrí los ojos...
Roccia: Un poco de acción anima a cualquiera. Es como caminar sobre la cuerda floja. Hay que avanzar sin mirar hacia abajo. Es la táctica para mantener la cordura.
Roccia: Ahora, gracias a ti, estamos a salvo. Deberíamos hacer volver a estos peregrinos con la troupe antes de que aparezcan más Disonancias Tácitas.
Errante:
Roccia: Pues no sé... Toda esta gente son peregrinos, y lo han pasado mal en la Travesía.
Roccia: Pero aunque Fenrico sea un farsante que se esconde tras su máscara, estoy segura de que no se desdiría en su papel de Primus...
Roccia: Y puesto que tú eres el Laureado, dudo que veamos más destierros.
Roccia: Esta Travesía del Peregrino probablemente partió de Raguna antes de que Fenrico te diera su palabra.
Roccia: Espero que no haya más.
Inspecciona las heridas de los peregrinos.
Joven ceñudo: ¡Ugh... Mi brazo...!
Joven ceñudo: Duele mucho... Creo que está roto...
Roccia le pide al joven que se quede quieto mientras lo trata con una medicina que Perri sacó de su caja.
Perri: Perri Perri...
Roccia: Perri dice disculpas. Esto es lo mejor que podemos hacer por ahora con los suministros que tenemos.
Roccia: Nos encargaremos mejor de tu herida una vez estemos de regreso en la troupe. Por favor, trata de aguantar por ahora.
Anciano débil: Arg... ¿Eh? ¿Aún e-estoy vivo?
Anciano débil: Bien... Estoy vivo... Bien...
Las tripas del anciano rugen mientras habla.
Anciano débil: Ah, perdón... Hace días que no como...
Roccia instruye a Perri para que saque algo de agua y provisiones de su caja para el anciano.
Anciano recuperado: Gracias... Esta es la mejor comida que he tenido desde que abordé ese barco.
Perri: ¡Perri! ¡Perri!
Roccia: Perri dice que tiene otros platos deliciosos esperando en nuestra base.
Roccia: Ack... Arg... Mi mano...
Habla con la timonel Tina.
Tina: Ya casi hemos terminado de contar cabezas, Primera Oficial. ¿Volvamos?
Roccia: Seguid adelante con los nuevos miembros. Yo me quedaré para hacer una última revisión, por si se nos ha pasado algo.
Tina: Pero no puedes quedarte aquí sola.
Roccia: No pasa nada, Perri y yo hacemos esto a menudo. Estaremos bien.
Roccia: El capitán me dio el mando antes de marchar... Hay vidas humanas en juego y no puedo permitirme cometer errores.
Errante:
Tina: ¡Ah, el Laureado! ¿Cómo olvidarlo? Entonces supongo que Roccia está en buenas manos.
Tina: Bueno, vuelve en cuanto hayas terminado, ¿vale? Hoy me toca trabajar en la cocina. ¡Te tendré preparado un buen plato de pasta para cuando regreses!
Roccia: ¡Mmmmh!
Roccia: Echemos otro ojo a los camarotes. Puerta por puerta.
Roccia: A veces se olvidan algunos objetos de valor, como las luceanitas, que se entierran profundamente bajo la arena.
Perri: ¡Perri! ¡Perri!
Roccia: Suena débil... pero aún hay esperanza. Perri, ayúdala a levantarse.
Roccia: No te preocupes, Perri es amable.
El grupo vuelve junto a la troupe con Perri cargando a la niña moribunda.
Roccia y Perri ayudan a la niña a descansar en una tienda médica y le brindan un tratamiento de emergencia. Una vez estabilizada, Roccia te lleva con Tina para informarle que has regresado sano y salvo, mientras Perri se queda en la tienda para vigilarla.
Tina: ¿Por qué tardasteis tanto? Vamos, tomad una buena ración de pasta mientras aún esté caliente.
Roccia: Esa es para Errante, yo comeré más tarde.
Roccia comenta mientras se apresura a regresar a la tienda.
Tina: Toma, esta es para ti.
Errante:
Aceptas el plato de pasta de Tina. Una comida casera es especialmente reconfortable en momentos como este. Quizás sea por toda la energía que quemaste antes, pero la comida sabe mucho mejor cuando se disfruta en compañía.
Dejas tu plato y te preparas para ir a ayudar en la tienda.
Tina: Te acompaño. Seguro que otra mano no viene mal.
Tina: Te acompaño. Seguro que otra mano no viene mal.
Cuida a la niña pequeña en la tienda.
Tina: ¿Qué? ¿Ella sigue viva?
Tina: ¡Ay, qué error! Cuando revisamos los camarotes del barco, pensamos que ya estaba...
Tina: ¡Vaya, qué lío estoy armando!
Roccia: Está bien, no pasa nada. Aún podemos salvarla.
Roccia: Deberíamos desinfectar sus heridas antes de retirar las astillas... Sin prisas, con cuidado y precisión.
Tina y Roccia logran curar las heridas de la pequeña. Su respiración se va estabilizando poco a poco.
Tina: ¡Uf, qué cerca estuvo!
Roccia: Ya pasó lo peor. Se recuperará pronto.
Roccia: ¿Y los demás, Tina?
Tina: Todos alimentados y recuperando las fuerzas.
Tina: Aunque apenas levantan la cabeza del suelo.
Roccia: Bueno, hay que entender que fueron a la deriva durante días, y ahora han aparecido en un lugar completamente nuevo.
Roccia: Son como una esponja empapada, hinchada y pesada de tanta agua. Necesitarán tiempo para recuperarse.
Roccia: ¿Qué crees que deberíamos hacer...?
Errante:
Roccia: Sí. Deberíamos ver si alguien necesita algo.
Pregunta al joven si necesita algo.
Errante:
Filippo: Me siento mucho mejor, gracias por curarme.
El brazo de Filippo está cubierto de vendajes y ya no está tan hinchado.
Filippo: Esos analgésicos que usaste son de la Botica Romero, ¿verdad? Mi familia vivía no muy lejos de allí. Reconocería ese olor en cualquier lugar.
Filippo: A veces echo de menos mi hogar, otras veces prefiero no pensarlo.
Filippo: Echo de menos mi cómodo sofá y el olor de las hierbas que emana de la botica. Pero... ¿los asuntos de la Orden? ¿Las aburridas obras de teatro, repletas de versos del Códice? No, gracias.
Filippo: ¿Sabes? Apuesto que si la Sacra Doncella todavía viviera, detestaría esta forma de penitencia.
Filippo: «Mil estrellas el aire iluminan, y brota la libertad como flores coloridas». Esa era la frase favorita de su ópera predilecta.
Roccia: Es una cita de «Pegasus».
Filippo: Exactamente. Trata sobre un mundo donde las personas pueden elegir sus propias creencias en lugar de seguir las impuestas.
Filippo: Seminarios obligatorios, códigos de conducta, imposiciones y obligaciones... Dictan incluso qué obras podemos ver y cómo debemos reír.
Filippo: Añoro volver a casa, tengo tantas ganas... pero Raguna ya no es lo que era.
Filippo: Durante su impostada peregrinación, la gente tocaba canciones con flautas y lunacordios. Todos a bordo se reunían alrededor de una «estrella» que cantaba la ópera y sus ánimos levantaba.
Filippo: En esos momentos, haciendo música juntos en libertad, sentía que la Travesía del Peregrino podría convertirse en mi nuevo hogar.
Filippo: Pero, cuanto más nos adentrábamos en el mar, a más peligros nos enfrentamos y menos de nosotros sobrevivimos. Nuestros instrumentos se hicieron añicos.
Filippo: Con lo que queda de nosotros... ya no hay forma de volver a actuar.
Filippo: Me siento perdido, sin lugar a donde ir, ni hogar al que regresar.
La media sonrisa que solía adornar sus labios se ha desvanecido, dejando un rostro envuelto en tristeza.
Roccia: ...
Pregunta al hombre mayor si necesita algo.
Roccia: Hola, señor. ¿Se encuentra mejor?
Giulio: Mucho mejor. Gracias por la pasta.
Giulio: Una comida caliente… ese sabor a hogar... Por un momento pensé que estaba soñando.
Giulio: Me recordó el Margherita, donde solía ir a almorzar. Mira, siempre pensé que podría disfrutar de eso el resto de mi vida.
Giulio: Pero aquí estoy, solo por cantar unos versos de «Pegasus»...
Roccia: «Pegasus». Ya veo...
Giulio: Así es. Mucha gente del barco solía representar obras de teatro, y cantaban una canción u otra según su estado de ánimo. Solo había que tener cuidado con la Orden.
Giulio: Esa es una de las que más han gustado, desde siempre.
Roccia: ¿Alguna vez te cansaste de representarla?
Giulio: ¿Cansarme? No, ¿cómo podría?
Giulio: Es una auténtica joya. Durante los tiempos difíciles, levantó el ánimo de todo el mundo.
Giulio: Si todas las personas pudieran vivir con esa libertad... yo ya no tengo edad para estas cosas.
Giulio: Lo llamaban «peregrinación», pero las Disonancias Tácitas nos hostigaron durante buena parte del viaje y perdimos a muchos. Ahora, todos vemos la verdad.
Giulio: *Suspiro* Sobreviví, pero hubo tantas almas jóvenes que no...
Giulio: Ni siquiera tuve fuerzas para llevarme sus preciadas pertenencias... *Suspiro*...
Roccia: Todos hemos pasado por tanto...
Roccia: Que te digan cómo debes vivir, que te obliguen a exiliarte, que desaparezcan tus amigos...
Perri: Perri, perri...
Roccia: ¿Podemos hacer algo para animarles?
Errante:
Roccia: Para el dolor de cabeza, quién dice que no. Pero ya les hemos dado antiinflamatorios y cosas de esas.
Roccia: Todo lo bueno se consigue con el estómago lleno, pero esta gente ya ha comido... y los ánimos siguen por los suelos.
Roccia: Oh, ¿qué haría yo sin el Laureado?
Roccia: Ya tenemos medicina para el cuerpo. Pero, ¿y para el alma? Necesitamos algo grandioso.
Roccia: Todos con quienes hemos hablado han mencionado la ópera Pegasus. Quizás podríamos organizar una pequeña actuación con ellos y sus compañeros...
Roccia: Está decidido. La ópera de bienvenida será «Pegasus».
Errante:
Roccia: Bueno, tradicionalmente en la troupe siempre montamos un espectáculo para los peregrinos que rescatamos.
Roccia: Es nuestra manera de decirles «¡Enhorabuena, has sobrevivido!», como un punto de inflexión o algo así.
Roccia: Mmmh, ya sé qué podemos hacer.
Roccia: Perri y yo estuvimos rebuscando por el barco y encontramos lo que debían ser las pertenencias de sus compañeros.
Roccia: Hay cosas algo estropeadas, pero nada que no se arregle. Les daremos un repaso para usarlas en la actuación.
Roccia: Así podrán volver a estar juntos… en el escenario.
Reúnete con Roccia en el escenario y prepara la obra.
Habla con Roccia.
Roccia: Un lunacordio, una pistola de utilería, restos del barco, luceanitas...
Roccia: ¡Mira lo que tenemos aquí! Buen trabajo, Perri.
Errante:
Roccia: ¡No solo eso! Perri podría tragarse un barco entero si quisiera. Incluso puede analizar frecuencias y darme un historial completo de todo esto.
Perri: ¡Perri! ¡Perri!
Roccia: Verás, los objetos acarrean los pensamientos y sentimientos de las personas. ¿Y qué mejor manera de compartirlos que a través de una ópera?
Roccia: ¿Qué opinas, Errante? ¿Cuándo se va alguien de verdad?
Errante:
Roccia: Bueno, más o menos. Pero mientras Perri y yo estemos aquí, quienquiera que sea el dueño de estos artículos nunca será olvidado.
Roccia: Bueno, más o menos. A menos, claro está, que tengas una troupe como la nuestra. Entretejeremos lo que ellos representaron y lo transmitiremos de generación en generación. Sus recuerdos perdurarán.
Roccia: «Volamos por encima de las nubes, entre los peligros que la niebla cubre. Sobre la proa hundida de mi barco a la deriva, hacia el vellón dorado la Estrella del Norte me guía».
Roccia: Ojalá la vida pudiera ser tan grandiosa como los guiones de las óperas.
Roccia: De todas formas, arreglaré estos objetos, los limpiaré a fondo y ¡voilà! Todos podrán actuar juntos de nuevo.
Roccia: Las frecuencias que perduran en este lunacordio nos dicen que su dueña nunca dejó de tocarlo, ni siquiera durante su exilio.
Roccia: Intentaba levantar el ánimo de todos con sus canciones, hasta que una Disonancia Tácita la atrapó...
Roccia: Ahora lo único que queda de ella es su lunacordio, pero faltan las cuerdas.
Errante:
Roccia: Sí. Ella siguió tocando, apoyando a los que la rodeaban...
Roccia: Espera, ¡tengo una idea! Aunque no tengamos las cuerdas, podemos inventar algo más. Todavía se puede utilizar para ayudar a la gente.
Roccia: Puede que estos restos no parezcan gran cosa, pero una vez formaron parte de diferentes Travesías del Peregrino.
Roccia: Cargan con todo el miedo y la confusión que sentía la gente...
Roccia: Pero también con su esperanza.
Errante:
Roccia: Mmmh, estos escombros serán un buen material para el fondo.
Roccia: O podemos esparcirlos por el escenario para crear ambiente.
Roccia: Vamos, Perri. Los pondremos allí arriba.
Errante:
Roccia: Te lo agradezco, Errante...
Roccia: Pero la troupe no permite que sus invitados de honor carguen con objetos tan pesados.
Perri: ¡Perri! ¡Perri!
Perri emerge de su caja y barre los escombros del escenario como un torbellino, bajo el mando de Roccia. A través de un meticuloso proceso de desmontar, arreglar, encajar y montar de nuevo, los restos recuperan gradualmente sus formas originales.
Roccia: Eso es. Con esto ya casi tenemos lo básico.
Roccia: Se puede encontrar luceanita en prácticamente todas partes en el Varadero, tanto enterrada en la arena como arrastrada por la marea.
Roccia: Las leyendas dicen que cada una es un alma atrapada en el Varadero. Día tras día bajo el viento y la lluvia, comienzan a perder su brillo.
Roccia: Tenemos que recogerlas antes de que eso suceda.
Errante:
Roccia: Sí, el brillo de las luceanitas les da ese encanto.
Roccia: Podemos usarlas como estrellas en el cielo nocturno.
Roccia: En cuanto a dónde encajan en nuestro escenario... Las situaremos alrededor del centro.
Tras colocar las luceanitas, Perri emerge de su caja, extendiendo innumerables brazos similares a tentáculos. Reparte las luceanitas por arriba y las ata con cintas. En un abrir y cerrar de ojos, el escenario oscuro se llena de destellos brillantes.
Roccia: Perfecto. Ahora tenemos un poco de luz para iluminar la oscuridad.
Roccia: Está bien. Ahora que todos los elementos están en su lugar, el escenario está prácticamente listo.
Roccia: Gracias, Errante. Seguro que los sentimientos que emanan de estos objetos entrarán de forma triunfal en los corazones de la gente.
Roccia: Mmmh... Aunque siento que todavía nos falta algo.
Roccia: ¿Quizás el escenario no brille lo suficiente? Después de todo, en «Pegasus», la Estrella del Norte simboliza la esperanza. Por eso hace falta más luz.
Roccia: Recuerdo que Filippo dijo que todos se reunían bajo una estrella y cantaban, pero no encontramos ninguna estrella en el barco...
Errante:
Roccia: Sí. Quizás pueda decirnos algo más.
Pregunta a Filippo sobre la estrella.
Roccia: Hola de nuevo, Filippo. Nos dijiste que la gente cantaba bajo una estrella en la Travesía del Peregrino, ¿no?
Filippo: Ah, sí. Todavía recuerdo el resplandor de la estrella sobre mi cabeza... Era como la Estrella del Norte en «Pegasus».
Roccia: ¿Sabes dónde está ahora esa estrella?
Filippo: La estrella era el tesoro de Lena. Pero ella...
Perri: ¡Perri! ¡Perri!
Roccia: ¿Eh? Perri dice que Lena está despierta.
Consulta a Lena en la tienda.
Lena: *Quejido*... He perdido el tesoro especial de mamá...
Lena: La luz de la estrella que alejaba la oscuridad... Nos cuidaba a todos en el mar...
Lena: Cantábamos alrededor, como mamá en sus teatros...
Lena: Siempre decía que la estrella era la esperanza. Que me mantendría a salvo y nos protegería...
Lena: A-ahora la he pe-perdido y ya no protege a nadie...
Roccia se siente compungida por lo que cuenta la niña. Quiere consolarla, pero le cuesta encontrar las palabras adecuadas.
Perri: Perri, perri... ¡Perri! ¡Perri!
Roccia: Perri dice que deberías descansar. Iremos a buscar tu estrella.
Lena: No... es demasiado peligroso... Ya me habéis salvado... Mamá decía que no tengo que causar problemas.
Errante: No te preocupes Lena, no es ninguna molestia. También tienes algo importante que hacer: descansar y recuperarte.
Errante: Y tal como dijiste, la estrella vela por todos. Lo hacemos por toda la gente.
Lena: Entiendo, voy a descansar como me dices.
Roccia: Perri puede sentir las frecuencias de la «estrella» en Lena.
Roccia: Ahora que ya sabe seguirle la pista, podemos comenzar nuestra búsqueda.
Errante: Hemos puesto todo el barco patas arriba buscando algo que parezca una estrella y no hay manera.
Roccia: Pero todavía quiero encontrarla.
Roccia: Quiero que todos tengan la oportunidad de interpretar «Pegasus» otra vez...
Roccia: y emplear las cosas que esa gente ya ha usado, que les resultan familiares.
Roccia: Las frecuencias o sentimientos vinculados a los objetos pueden afectar a quienes los utilizan.
Roccia: Todos ven la estrella como un símbolo de esperanza. Esa sensación positiva se verá magnificada por la ópera y llegará a más personas...
Roccia: Así que debemos seguir tratando de encontrarla. Siempre hay una posibilidad ¿no?
Roccia: Y una «posibilidad» es simplemente otra forma de decir «esperanza».
Regresa al Varadero y encuentra la estrella.
Roccia: La niebla...
Errante:
Roccia: Sí. La isla está cubierta de niebla la mayor parte del año.
Roccia: Pero hace poco que limpié esa zona, y con el clima que hemos tenido últimamente, ya no debería haber niebla.
Roccia: Battier está pescando, como siempre, y Lario, nuestro fiable «detector de niebla», no ha dicho ni pío.
Errante:
Roccia: Tienes razón.
Roccia: Hay algo en esto que parece singularmente sospechoso.
Roccia: Mmh... la niebla es tan espesa que casi se puede cortar con cuchillo.
Roccia: «En un mar por un velo cubierto, moran bestias de aullantes lamentos»...
Roccia: Según «Pegasus», debemos tener cuidado cuando hay niebla cerca.
Roccia: Tenemos que encontrar la estrella antes de que se nos eche encima...
Sigue a Roccia.
Inspecciona lo que encontró Roccia.
Roccia: Parecen restos de un naufragio.
Roccia: Perri puede guardarlos. Les daremos un buen uso más tarde.
Sigue a Roccia.
Inspecciona lo que encontró Roccia.
Roccia: Oh, es una concha.
Roccia: Limpia las conchas, mézclalas con un poco de algas y sal y listo: sopa de conchas.
Roccia: Perri, mete esta concha en la caja.
Errante:
Roccia: Sí, Perri me enseñó, aunque apenas conozco unas pocas recetas sencillitas. Si quieres platos elaborados de verdad, habla con ella.
Roccia: Toda la troupe colabora de una forma u otra, y aunque yo suelo ayudar con la cocina, a Perri se le da mejor que a mí.
Roccia: A todo el mundo le encanta la comida que hace Perri.
Sigue a Roccia.
Inspecciona lo que encontró Roccia.
Roccia: Por fin, algo que brilla...
Roccia: ¡Anda, si es una luceanita!
Roccia: Bueno, al menos es resplandeciente. Algo es algo.
Perri: ¡Perri! ¡Perri!
Roccia: ¿Qué es lo que has encontrado, Perri?
Inspecciona la pista que encontró Perri.
Perri: ¿¡Perri, perri!?
Roccia: Perri dice que ha encontrado las frecuencias de la estrella en estos rastros, pero hay algo más entremezclado...
Roccia: Las frecuencias son un follón. No puedo distinguirlas.
Errante:
Usa el Sensor para ayudar a Roccia a identificar formas de onda individuales.
Roccia: No sabía que eras tan hábil identificando frecuencias. Estoy impresionada...
Perri: ¡Perri! ¡Perri!
Sigue la forma de onda identificada.
Errante: Es como si la niebla nos hubiera estado esperando.
Roccia: Esta no es la típica niebla del escondite.
Roccia: Este laberinto brumoso me está dando una sensación de «déjà vu».
Roccia: Mmmh... Un olor extraño y sospechoso.
Roccia: Es familiar... pero también diferente. Como una copia mal hecha.
Roccia: En «Pegasus» se habla sobre un laberinto tejido de mentiras y malevolencia. Por dentro es tan caótico e impredecible como un mar de brumas.
Roccia: Alberga todo tipo de monstruos en su interior. En su corazón se esconde un Archidemonio, caudillo de toda la maldad. Roba, engaña, distorsiona la realidad, siembra confusión y dirige sus títeres.
Roccia: Me pregunto si algún aficionado a la ópera tomaría prestada esta escena...
Errante:
Roccia: Esto... ¿qué tipo de persona querría ser el Archidemonio?
Roccia: Bueno, sí que entiendo por qué la gente quiere ser los héroes. Son las estrellas del espectáculo. Pero... ¿todo este disparate enrevesado? No es precisamente heroico, que digamos.
Roccia: Una suposición razonable.
Roccia: Tanto si es para interpretar a un Archidemonio como a un héroe, quien pone tanto trabajo y empeño, seguro que espera algo a cambio.
Roccia: En una ópera, se puede conseguir esperanza y crecimiento personal...
Roccia: o la capacidad de engañar y manipular.
Errante:
Roccia: Tienes razón. Entremos y veamos por nosotros mismos qué es lo que realmente busca el cerebro detrás de esta tragedia.
Entra en el laberinto.
Encuentra la dirección correcta.
Continúa hacia adelante.
Perri: ¡Perri! ¡Perri!
¿Monstruo?: Vale.
Roccia: *Roarrr*...
Errante: Eh... ¡Mantente alerta, Perri!
Roccia: Estoy aquí contigo. No temas.
Roccia: Esto... Estas frecuencias están compuestas de engaños y mentiras. Huelen fatal.
Perri: *¡Perri, Perri…!*
Roccia: Perri siente la «estrella» dentro de la cueva y... algo más que no puede discernir.
Roccia: Nos estamos acercando al final de este camino. Parece que el centro del laberinto está justo delante.
Roccia: Pronto descubriremos qué se oculta ahí.
Roccia: Aunque... también podría ser...
Errante:
Roccia: Tienes razón. Sigamos adelante.
Camina hacia la caverna.
Errante: No te preocupes, todo va bien.
Roccia: ... Gracias.
Roccia y Perri: ¡Aaah! ¡No!
Errante: No pasa nada. Ya casi hemos llegado.
Roccia: Bien.
Roccia y Perri: ¡Ay!
Roccia: ¿El Dragón de Elegía? No, espera.
Errante: Está bien. Solo son sombras.
Roccia: Sí. No tengo miedo.
Busca las estrellas perdidas con Roccia.
Errante y Roccia: ¿Eh?
Mazo Abrazo: ¡Juuu juuu!
Pico Pala: Cuuu cuuu...
Lottie Silente y Abra Cadabra: Cuic cuic...
Roccia: Esto... Parece que estaban intentando escabullirse con la estrella, pero presionaron el interruptor de la luz por accidente.
Mazo Abrazo: Juuu juuu... ¡Juuu juuu!
Pico Pala: Cuuu...
Lottie Silente y Abra Cadabra: ¡Cuic cuic!
Errante: ¿Qué están diciendo?
Roccia: Dicen: «¡No nos rendiremos sin luchar!»
Derrota a todos los peluches.
Roccia: Vellón dorado, un libro de jugadas desgastado, instrumentos antiguos...
Roccia: ¿Se supone que son el Archidemonio?
Roccia: ¿O los torpes que se esconden de las Disonancias Tácitas?
Mazo Abrazo: Juuu juuu...
Pico Pala: Cuuu cuuu...
Lottie Silente y Abra Cadabra: Cuic cuic... Cuic cuic...
Recoge objetos que puedas llevar de vuelta a la troupe.
Lottie Silente: Cuic cuic... Cuic...
Errante:
Roccia: Ella dice que este acordeón era de su dueña,
Roccia: y que aunque todavía no la haya encontrado, le dejó muchos buenos recuerdos.
Roccia: «La niebla se queda atrás, mientras la luz de la estrella brilla más»...
Roccia: Su dueña solía cantar para levantar el ánimo de las personas que habían sufrido y, naturalmente, ella se aprendió la melodía.
Roccia: El laberinto de niebla que encontramos fue su intento de recrear escenas de la obra, fusionando la bruma costera con su imaginería.
Errante:
Roccia: Supongo que anhelaba proteger todos sus recuerdos con su dueña...
Roccia: Pero no debería haberlo hecho a costa de los recuerdos y esperanzas de los demás.
Roccia: Para quienes están en dificultades, es mejor permanecer unidos en lugar de hundirse unos a otros, ¿no crees?
Sal de aquí con Roccia.
Roccia: Perri y yo casi hemos terminado de prepararlo todo.
Roccia: ¿Volvemos ya, Errante?
Errante:
Roccia: Está bien. Volvamos con la troupe.
Roccia: Vale. Seguiremos aquí cuando estés listo.
Roccia le pide a Perri que traiga consigo a los Ecos y sus objetos mientras todos volvéis con la troupe.
Entra en la cueva.
Regresa a la troupe y habla con Tina.
Tina: Primera Oficial, has regresado. Nos hemos apañado bien en tu ausencia.
Tina: Pero bueno, ¿qué tenemos aquí? Así que has traído a algunos nuevos amigos, por lo que veo.
Roccia: Así es. Gracias por cuidar tan bien de todo mientras estuvimos fuera.
Tina: No fue nada. El grupo está en plena forma después de la última parada. ¡Unos cuantos más no serán problema!
Roccia: Perfecto. Los Ecos y yo nos pondremos a montar el escenario. Créeme, cualquier preocupación que tengas desaparecerá en cuanto nos pongamos a la faena.
Errante:
Roccia: Encontramos la estrella gracias a ti. Deberías contarle a Lena las buenas noticias.
Roccia: Ahora por fin podemos interpretar «Pegasus» todos juntos. Nadie se quedará fuera.
Dile a Lena que has encontrado la estrella.
Llevas la estrella a la tienda de Lena. Al ver el familiar resplandor, Lena se levanta de su cama como un resorte, con su rostro rebosante de felicidad.
Lena: La estrella... ¡La estrella ha vuelto!
Lena: ¡Muchas gracias! ¡Ahora que la estrella está aquí, seguro que me pongo buena!
Lena: ¡De hecho, ya me estoy sintiendo mucho mejor!
Errante:
Lena: Claro. Es para la ópera, ¿no? Mientras estaba en la cama, escuché mucho bullicio y me imaginé que se estaba preparando un espectáculo.
Lena: La chica de cabello morado dijo que quería usar algo realmente brillante como la Estrella del Norte en «Pegasus». Bueno, ¡no hay nada que brille más que esta estrella!
Lena: Ahora podremos volver a cantar todos juntos alrededor de la estrella. ¡Será maravilloso, igual que en el barco!
Regresa al escenario. Algo nuevo le ha sucedido a los peluches.
Roccia: Los Ecos pueden recopilar todo tipo de información analizando las frecuencias que quedan en los objetos.
Roccia: En el escenario, Lottie Silente encontró el antiguo lunacordio de su dueña, Pico Pala la corona de su dueño, Mazo Abrazo la pistola de utilería favorita de su dueño...
Roccia: Y Abra Cadabra sacó el premio gordo, ¡y encontró a su dueño!
Roccia: Resulta que, en realidad, sus dueños no los abandonaron después de todo.
Errante:
Roccia: Sí. No cabe duda de que les exiliaron. De algunos solo quedaron sus pertenencias, pero otros fueron recogidos por la troupe.
Roccia: Lo que está claro es que ninguno quería que la Orden se apoderara de sus Ecos y borrara sus recuerdos. Separarse de ellos era la única manera de protegerlos.
Roccia: Aparentemente, el verdadero Archidemonio no es el Eco que creó el laberinto... Es quien mueve los hilos de las marionetas.
Roccia: Todo ese control, y todos los destierros arbitrarios...
Roccia: Una simple frase de alguien con poder puede arruinar la vida pacífica de innumerables personas.
Errante:
Roccia: Mmm, pero lo bueno es que has conseguido el Laurel, y Fenrico ha cedido.
Roccia: Supongo que estaremos a salvo de los destierros por un tiempo, y la troupe podrá regresar a la Ciudad de Raguna para sus representaciones...
Roccia: Lo que significa que al fin se verán nuestras obras en una ciudad que se ahoga entre los insípidos recitales del Códice. Poco a poco, iremos colando todas nuestras canciones de nuevo y…
Roccia: Algún día, las calles de Raguna volverán a escuchar óperas sobre la libertad.
Roccia: Para esto es para lo que se han estado preparando Brant y Bardolino últimamente. En cuanto escucharon la noticia, se apresuraron a ir a la ciudad.
Roccia: Nadie ama más la ópera que esos dos, y nadie cuenta historias como ellos... A excepción del Laureado, por supuesto.
Roccia: Esta ópera de bienvenida marca también el inicio de un nuevo viaje. No es solo una ópera para los peregrinos desterrados, sino que también está dedicada a todos y cada uno de los Torpes que todavía están ahí afuera.
Roccia: Entonces, Laureado, ¿vamos a colgar la Estrella del Norte juntos y a contarles a todos las buenas noticias?
Volamos por encima de las nubes
Entre los peligros que la niebla cubre
Pero con nuestro coraje
Hallaremos la esperanza que nos libere
¿Il Matto?
¿Il Diavolo?
Verdad y mentira se confunden en la bruma
El Laureado busca lo que el laberinto oculta
En su cúspide, el diablo gobierna la tierra
Tocando con sus cuerdas, cantos de guerra
Las ilusiones surgen del lecho marino
Señalan al Torpe como el nuevo enemigo
Una mano aparece, y la luz aporta
Las burbujas estalla, la maldad se deforma
La espada del Laureado invierte las tornas
Mil estrellas van a iluminar
La libertad brota como flores coloridas
Y la Estrella del Norte a la esperanza guía
Ve al escenario central y observa lo que todos están haciendo.
Roccia: Tina, tu voz es tan maravillosa como siempre. Gracias por prestarnos tu canto para esta versión revisada de «Pegasus».
Tina: Ayyyy, gracias. ¡Tenía que cantar a todo pulmón para hacerle justicia al resplandor de la Estrella del Norte de Lena!
Tina: Como no puede subirse al escenario, yo le acercaré la estrella.
Roccia: Lottie Silente, aquí está el lunacordio de tu dueña. Le faltan las cuerdas, pero aún puede ayudar a la gente.
Lottie Silente: Cuic... Cuic cuic...
Roccia: Pico Pala, esta es la corona de tu dueño. La he arreglado. Guárdala en un lugar seguro.
Pico Pala: ¡Cuuu cuuu!
Roccia: La pistola de utilería de tu dueño, Mazo Abrazo. Ahora dispara burbujas. Por favor, cuídala bien.
Mazo Abrazo: ¡Juuu juuu!
Uno por uno, Roccia desmonta los accesorios del escenario y los devuelve al público. Así, todos se marchan satisfechos con sus pertenencias. Solo queda en el escenario una luceanita.
Habla con Roccia sobre la Luceanita restante.
Roccia: Genial. Hemos devuelto la mayoría de los artículos a sus legítimos propietarios. Solo queda una luceanita...
Roccia: Y es para Roccia.
Errante:
Roccia: Sí. Es que yo una vez lo fui.
Roccia: Gracias por esa maravillosa actuación, Errante.
Roccia: Necesitábamos que todos colaboraran para la obra... y eso te incluye a ti, por supuesto.
Roccia: Desde que nos conocimos, Perri y yo nos percatamos de algo especial en tu frecuencia. Tan especial que ni Perri pudo entenderlo.
Roccia: Desde que llegaste a Rinascita, el laberinto brumoso se ha estado... desenmarañando.
Roccia: Quizás, solo quizás... seas tú quien cambie las cosas. No, las cosas no... sino el destino de todo Solaris.
Roccia: Dondequiera que vayas, las cosas empiezan a cambiar. Cosas extrañas y maravillosas. Eres como un imán para lo impredecible.
Roccia: ¿Conoces ese dicho de «un gran poder conlleva una gran responsabilidad»? Pues el peligro te pisará los talones dondequiera que vayas.
Roccia: Entonces, ¿por qué no te unes a la Troupe Torpe?
Errante:
Roccia: Has montado la ópera de bienvenida perfecta y nos has señalado un nuevo rumbo. Ya llevamos un tiempo en el mismo lado.
Roccia: Eso está bien... Podrás unirte a nosotros cuando quieras. Es cosa tuya.
Roccia: Si alguna vez te encuentras en apuros, simplemente ven a buscarnos.
Roccia: La troupe siempre te respaldará.
Errante:
Roccia: Todos comenzamos nuestro camino desterrados, desde esta isla desierta. Poco a poco, fuimos juntando lo que pudimos y construimos nuestra casa. Así se formó la troupe.
Roccia: Puede que no seamos ricos ni perfectos, pero al menos podemos cantar y reír cuanto nos apetece.
Roccia: Y gracias a ti, tenemos la oportunidad de devolver esa risa y esa libertad a todo Raguna.
Roccia: La Estrella de la Esperanza alentó a toda nuestra troupe, al igual que la actuación del Laureado.
Roccia: Una vez más, tú reavivaste la llama de nuestros corazones.
Habla con Roccia.
Roccia: ¡Gracias por todo, Errante! Mi primera vez dirigiendo la obra de bienvenida ha sido todo un éxito, y parece que la troupe va a volver a Raguna por la puerta grande.
Roccia: Ahora que me he quitado ese peso de los hombros, me siento tan ligera como para ponerme a dar volteretas.
Roccia: *Ejem*... Pero bueno... creo que es hora de que hablemos de esa compensación que te debo.
Roccia: Aparte del pago, que no tiene nada de básico, tengo una cosita solo para ti...
Roccia se mete de cabeza en la caja de Perri y hurga con cuidado hasta el fondo. Luego regresa con una luceanita de aspecto único. La piedra oscura está recubierta de vetas doradas que brillan con esplendor.
Roccia: Toma... Llevo años buscando esto entre la arena. Una luceanita negra dorada.
Roccia: Normalmente, cuanto más profundamente está enterrada, mejor es.
Roccia: Creo que esta luceanita y tú tenéis algunas cosas en común. Tiene la belleza y la profundidad de tu mirada.
Roccia: Llévala contigo en tus viajes. Piensa que es como si estuviera a tu lado, aunque no sea así.
Roccia: Y... si alguna vez te encuentras en apuros, no dudes en llamarnos.
Roccia: Llegaré hasta ti sea como sea, tanto a bordo de este barco como metida en la caja de Perri.