Herrumbre, espada y sol
Abby y tú llegáis a Solis. Mientras esperáis que se pongan en contacto contigo desde el Palacio de la Éforo, conocéis a Néstor, un trovador errante ciego que comparte contigo la historia de Augusta antes de que se convirtiera en la Éforo.
Dirígete a la Taberna Solis.
Abby: Fuá, qué día más bochornoso... El cielo tan gris, y tanta humedad...
Abby: ¡Pero bueno! ¡Al menos deja que termine la frase!
Abby: Brrr... hace un frío que te...
Errante:
Abby: ¡Ay, sí, me muero de hambre! Apenas hemos probado bocado desde que salimos de Raguna...
Abby: ¡Caracoles! ¡Pellízcame! ¡Esto es todo un festín!
Abby: Oye, Errante, esto... tenemos suficiente dinero, ¿verdad? Quiero decir, salimos tan deprisa que no nos llevamos nada...
Errante: Ah, eso... no te preocupes, el dinero no es un problema.
Errante: Augusta prometió correr con los gastos. La comida y el alojamiento en Septimont se factura directamente al Palacio de la Éforo.
Errante: Pero...
Errante: Creo que la dueña se ha pasado un poco...
Abby: ¡Ja! Más vale que te acostumbres. ¡Eres el campeón del Gran Agón!
Abby: Y ya me conoces. Por mucha comida que haya, no dejaré ni las migas. ¡Garantizado!
Abby: Mmmf, ñam ñam...
Abby: Alojamiento gratis, comida gratis... Esa Éforo sí que sabe tratar a sus invitados. Podríamos quedarnos un poco más, ya sabes.
Abby: (*Snif*) ¡Esto huele de maravilla!
Errante: Abby, ¿qué crees que Imperator quiere que encuentre? Si Cartethyia tiene razón, las últimas pistas deberían estar en algún lugar de las Mesetas Sanguis.
Errante: Estamos tan cerca de la meta... pero es como si nos hubiéramos atascado.
Abby: (*Hipo*) ¡Relájate! Ya estamos de vuelta en Septimont. ¿Qué prisa tienes?
Abby: Recuerdo que Lupa dijo que había una extraña «Nube de Plaga» suspendida sobre las Mesetas Sanguis.
Abby: Y cuando llega la «Marea Alta» o como se llame, todos los gladiadores van allí a cazar Disonancias Tácitas.
Abby: Espera, ¿la Marea Alta se acerca? La invitación de la Éforo mencionaba algo sobre una gran cacería.
Abby: Mmmm... ahora que me acuerdo, ¡¿no se suponía que íbamos a reunirnos con ella hoy?!
Errante: Vino un mensajero esta mañana. Augusta está lidiando con una emergencia, así que ha pospuesto nuestra reunión. Parece que le llevará un buen rato.
Errante: Un cambio inesperado. Las cosas se están desmadrando... y no me da buena espina.
Errante: ¿Y por qué tengo que ir yo a esa cacería? Si es por lo del Gran Agón... el mensajero dijo que no había otros gladiadores invitados.
Abby: ¿Quién sabe? Tal vez solo quiera medir su fuerza contra ti. Típico de los septimontinos, ¿no?
Errante: ¿Eso crees?
Errante: Solo la he visto unas pocas veces, pero dudo que actúe por impulsos tan banales.
Errante: Y como Éforo, ¿realmente está en posición de hacer lo que le plazca?
¿?: Visitante de tierras lejanas, posees ojos tan claros como el cristal.
¿?: Pero... ¿qué podría atormentarte tanto, que su resplandor se oscurezca ahora de nubes tormentosas?
¿?: ... Un guerrero que camina por el filo de la espada no vacila ante trivialidades.
¿?: Las nubes, si me permites el atrevimiento, provienen del trono...
¿?: En la cima de la Colina Capitolina, bajo los pálidos muros del Palacio de la Éforo, yacen secretos ocultos. Y los más intrincados son aquellos nacidos del ansia de poder.
¿?: Incluso alguien tan honorable como la Éforo debe aprender a ser implacable.
¿?: En Septimont, una ciudad forjada en hierro y sangre, cualquiera que persiga el trono sin conocer su precio no es más que un cordero marchando hacia el matadero.
Errante:
Néstor: Soy Néstor, un poeta viajero.
Néstor: Parece que las lluvias no tienen prisa por abandonar Septimont en estos momentos. Así que...
Néstor: Si sientes curiosidad por la Éforo... permíteme decirte que nada me honraría más que ofrecer incluso un modesto servicio al campeón del Gran Agón.
Abby: Espera, ¿cómo sabes que Errante es el campeón? Y todo eso sobre la Éforo...
Abby: ... Y tus ojos... esto... ¿estábamos hablando demasiado alto?
Néstor: Ver y oír son solo dos de las muchas formas de percibir. Confiar en los sentidos es un hábito, una conveniencia natural, pero no es la única opción.
Néstor: A decir verdad, he estado buscando inspiración para mi próxima epopeya, y su protagonista no es otra que Augusta, la Éforo de Septimont.
Néstor: Por eso hablo de ella con cierta familiaridad.
Néstor: Presiento que tu historia con ella pronto será escrita, y saber más sobre quien camina a tu lado rara vez resulta trivial.
Errante:
Néstor: Augusta...
Néstor: Una joven de origen humilde, una Resonadora de modesto talento, una plebeya sin patrocinio nobiliario. Y sin embargo, fue capaz de alzarse desde la guarida de lobos que es la ciudad de Septimont hasta tomar su lugar.
Néstor: Al igual que cada refulgente estrella del firmamento fue en origen una nube de polvo.
Habla con Néstor para conocer la epopeya sobre la éforo.
Néstor: Fracasa las veces suficientes y puede que llegues a triunfar. ¿Deberíamos llamarlo resiliencia, o simplemente obstinación?
Néstor: O quizás, para una chica que lo ha perdido todo, nunca hubo una segunda opción. No tenía a nadie en quien confiar salvo a sí misma, y nada más que una espada a la que aferrarse.
Néstor: Sin embargo...
Néstor: Como primera estrofa de una epopeya, no tiene nada de extraordinaria.
Néstor: Desde el Lamento, a través de las tierras calcinadas de Solaris, he escuchado esta historia repetirse una y otra vez.
Néstor: Nuestra era ya ha sido testigo de la grandeza, pero esta nunca se encuentra en la primera página de una historia.
Néstor: Valor, gloria y honor... son virtudes inmortales que han sido grabadas en losas y tablillas, pero no se pueden forjar de la noche a la mañana.
Néstor: Livianas como un hilo y esquivas como el viento, se cruzan en cada giro del destino, enredándose con cada «insignificante» elección que tomamos.
Abby: Mmm...
Errante:
Abby: No sé, es que parece increíble. La Augusta de la que habla y la Éforo que vimos en la arena... No pueden ser la misma persona.
Néstor: ¡Je! Era una niña sola, lejos de casa, que llegaba a la ciudad sobre la Colina Capitolina en busca de fuerza, sin título, estatus ni riqueza...
Néstor: Dudo que nadie en aquel entonces pudiera imaginar que llegaría tan lejos.
Errante:
Néstor: ¿Te refieres a... Cato?
Néstor: ¿Crees que Cato le concedió esa última victoria a propósito, y que sus palabras mordaces solo buscaban probar su obstinación?
Errante:
Néstor: Pues para depositar su fe en una chica que no tenía nada, Cato debió de ser todo un idealista.
Néstor: Mantengamos esa pregunta en mente y veamos adónde nos lleva la historia.
Néstor: ¿Estás listo para escuchar la «Epopeya del sol abrasador»?
Errante:
Continúa hablando con Néstor para conocer la epopeya sobre la éforo.
Néstor: Una epopeya breve y rudimentaria, carente de peso literario. Es todo lo que puedo ofrecer sobre la Éforo.
Néstor: Ahora, como oyente, ¿qué opinas de mi relato?
Errante:
Néstor: Agradezco tus amables palabras, mi generoso oyente.
Néstor: Solo soy un humilde forjador de versos y rimas. La esencia de la poesía se les confiere solo a aquellos que se atreven a desafiar su destino.
Néstor: Pero hay algo que debo confesar.
Néstor: Me temo que mis palabras solo te confieren un conocimiento... parcial sobre la Éforo, en el mejor de los casos.
Néstor: La poesía solo puede ofrecer un atisbo de la verdadera historia. La realidad de las personas, sus circunstancias y fundamentos se escapan del alcance de las palabras.
Néstor: Esta epopeya no me reconoce, así que permanezco enclaustrado en el papel del observador. Puedo imaginar el desarrollo de los acontecimientos y la fuente de las emociones, pero no recrearlos con viveza.
Néstor: Aquí tienes un consejo, aunque no sé si denominarlo así...
Néstor: Si quieres conocer la verdad de una historia, adéntrate en ella. Conviértete en parte de ella. La oportunidad se alza ante ti ahora.
Néstor: Como te dije al principio, la historia entre tú y Augusta, la heroína de Septimont, tiene muchas páginas por escribir.
Errante:
Néstor: Quién no lo vería. Como las estrellas trazan su curso cada noche, tu destino está escrito en los pasos que das.
Néstor: La lluvia cesa... se escucha el colofón de su sinfonía sobre la tierra. Es hora de las despedidas.
Néstor: Antes de irme, ¿puedo haceros una última pregunta? ¿Qué es lo que ha elevado a Augusta al asiento del poder? ¿Qué es lo que hace a un gobernante?
Abby: Pues... yo diría que la fuerza.
Abby: Chico, está claro. Augusta no podría haber superado esas pruebas sin fuerza.
Abby: ¿No crees, Errante?
Errante:
Néstor: ¡Je, je! No hace falta que respondáis ahora. Pero tenedlo presente durante vuestro viaje.
Néstor: Cuando se escriba el capítulo final, la respuesta se revelará por sí misma.
Néstor: Adiós, amigo mío. El azar y la fortuna reunieron nuestros caminos...
Néstor: Tras este breve encuentro, todo lo que yo soy se desvanecerá con el viento, pero tú... tu epopeya continúa.
El día anterior...
Senador astuto: Su Excelencia, le habéis consentido demasiado.
Senador astuto: Como sacerdotisa, Iuno es demasiado rebelde tanto en obra como en palabra. Es una deshonra para su título.
Senador conservador: En efecto. Entró al Palacio sin anunciarse, sin invitación y sin decoro alguno.
Senador conservador: Una descarada afrenta a la autoridad del Palacio.
Augusta: Je... como siempre.
Augusta: Senadores, lo único que hizo fue cruzar la puerta. Una puerta que ni tiene autoridad, ni debe defender el frágil orgullo de nadie.
Augusta: No olvidemos que no son las murallas de la Colina Capitolina las que infunden miedo.
Augusta: Son mi voluntad, mi espada y nuestra implacable sed de conquista.
Augusta: Conozco vuestro miedo. Teméis que la voz de una sacerdotisa ahogue la vuestra, y que una rebelde desafíe las normas del Senado.
Augusta: Pero escuchadme bien. El poder no se inclina ante aduladores amparados por tradiciones.
Augusta: Quien ansíe el poder, que salga de las sombras, se enfrente a mí y demuestre que es digno de él.
Iuno: Ya era hora de que llegaras, Augusta.
Augusta: Lidiar con los senadores lleva tiempo, ya lo sabes.
Augusta: Bueno, para no hacer esperar a nuestra estimada sacerdotisa, igual la próxima vez los dejo con la palabra en la boca.
Augusta: Me aseguraré de que registren cada detalle de tu «hazaña» y lo transmitan palabra por palabra a Lillibet.
Augusta: «Sacerdotisa Iuno: Comportamiento rebelde, abandonó el Templo Tetrágono sin permiso e irrumpió en el Palacio de la Éforo».
Augusta: ... Me pregunto quién perderá la paciencia primero, si Lillibet o tú.
Iuno: *Tch*, que esos viejos zorros me denuncien todo lo que quieran.
Iuno: Si entran en el Tetrágono con el pie izquierdo, les dispararé en el izquierdo. Si entran con el derecho, les dispararé en el derecho.
Augusta: Je, en eso tienes mi apoyo.
Augusta: De vez en cuando hay que recordarle al Senado que la amabilidad del Tetrágono no es motivo para tomarse a la sacerdotisa Iuno a la ligera.
Augusta: ¿Por qué no esperaste allí? Lo tenía todo bajo control. Partimos hacia los terrenos de caza esta noche.
Augusta: De haber algún cambio, podrías haberme contactado por mi terminal. No hacía falta que vinieras hasta aquí... Te quiero libre de obligaciones hasta ese día.
Iuno: Le estás dando demasiadas vueltas, Augusta. Sabes que he venido aquí para ver a esa persona.
Iuno: La Anciana Lillibet dijo que su destino es «un vacío incognoscible». Suena lo bastante intrigante como para contemplarlo en persona.
Augusta: Así que es eso. Qué lástima. El barco de Raguna no atracará hasta mañana por la mañana, y para entonces ya nos habremos ido.
Iuno: No, ¡qué fastidio!
Augusta: Paciencia, Iuno. Errante ha aceptado la invitación, así que tendrás tiempo de sobra para conocerlo durante la cacería.
Augusta: ¿No me quieres decir nada más?
Iuno: ...
Iuno: Leí el Libro de las Profecías de Lillibet. La cacería y nuestro plan... Ninguno termina bien.
Iuno: ¿Estás segura... de que deberíamos seguir adelante con esto?
Augusta: El riesgo no me inquieta. El peligro simplemente exige mayor fortaleza. Dime una cosa, ¿desde cuándo te importan las tradiciones del Templo?
Iuno: ...
Iuno: «Oh, infieles de Septimont, la Divinidad está enfurecida. Si vuestra gobernante desafía Su voluntad de nuevo, tendréis la perdición por destino».
Iuno: Últimamente he vuelto a escuchar rumores sobre la antigua profecía de Raguna entre los nobles...
Augusta: Reconozco que esas palabras tuvieron peso alguna vez...
Augusta: Pero la «Divinidad» de Raguna no viajaba en el barco con que nuestros ancestros cruzaron las aguas hasta estas colinas.
Augusta: Y todas las sacerdotisas dijeron que la profecía estaba incompleta.
Augusta: «Solo el Rey de los Héroes, de extraordinario poder, surgido de las mareas oscuras, traerá la eternidad a Septimont. Entonces las aguas se calmarán, la tempestad cesará, y la gloria regresará con la sangre del antiguo rey».
Augusta: Es la otra mitad de la profecía. No lo olvides.
Augusta: Fabius, Atilius, Valeria... Uno tras otro, estos héroes han salvado Septimont del cataclismo.
Augusta: Mientras haya un héroe en pie, nada podrá quebrar esta ciudad eterna.
Iuno: ¿Y si... esta vez es diferente? ¿Y si el cataclismo es nuestro destino?
Augusta: ...
Augusta: Entonces cortaré ese destino con mi espada.
Augusta: ¡Ja, ja!
Iuno: ¿Qué es tan gracioso?
Augusta: Así que incluso la intrépida sacerdotisa Iuno puede asustarse, después de todo...
Augusta: Pero no pasa nada. Si tienes miedo, no te fuerces. Puedo encargarme de esto yo sola.
Augusta: Reverendísima sacerdotisa, espérame en el Templo. Regresaré victoriosa.
Iuno: ¿Asustada? ¿Yo? Me da la impresión de que tú eres quien intenta apartarme y enfrentarse a esto sola.
Iuno: Bien. Adelante. Volverás a mí, tarde o temprano.
Augusta: Sí, eso no lo puedo negar.
Iuno: ¡Ja! Lo sabía. Así que sí me necesitas para esta cacería.
Augusta: Gracias, Iuno.
Iuno: ... ¿Por?
Augusta: La tormenta se está acercando...
Augusta: Vamos, Iuno, amiga mía. La mejor manera de afrontar una tormenta... es meterse directamente en ella.