Profundidades de Dimmr
Páramo Helado Roya

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«En memoria de quienes nunca regresaron»
Queridos conciudadanos, miembros de la Unión Intergaláctica, profesores y alumnos de la Academia Fuegostelar, y todos los que seguís cumpliendo vuestro deber en Lahai-Roi:
Hoy volvemos a reunirnos bajo la luz de Helios.
Recuerdo que la última vez que nos congregamos aquí fue para celebrar el éxito de la Ceremonia del Nuevo Sol, cuando encendimos por primera vez un sol artificial en los cielos de Lahai-Roi y miramos al futuro que prometía con esperanza.
En aquel momento, no podíamos imaginar que, apenas unos meses después, afrontaríamos la mayor Tormenta de Vacío de nuestra historia, que nos veríamos obligados a activar nuestro último plan de contingencia, el Velo Crepuscular, ni que tendríamos que enfrentarnos directamente a la incursión del Trenodiano Aleph-1.
Y, sin embargo, lo logramos. Repelimos a los Trenodianos, sellamos el Portal del Titán y superamos la era del crepúsculo que, según la mitología roya, habría traído la destrucción.
Sí. Hemos vencido.
Se trata de una victoria sin precedentes: el triunfo de lo conocido sobre lo desconocido, de la humanidad sobre los Trenodianos.
No obstante, como líder de la Unión Intergaláctica, es mi deber hablar con franqueza sobre el precio de esta victoria:
En los últimos meses, Lahai-Roi ha sufrido casi un centenar de Tormentas de Vacío registradas, de las cuales cinco excedieron el nivel máximo de alerta. Más de treinta estaciones de vigilancia, centros de investigación y puestos de defensa establecidos por toda Lahai-Roi han sido destruidos. En nuestra búsqueda de runas, hemos perdido innumerables mechaguardias, y diecisiete operadores de élite han sufrido la corrupción por Materia de Vacío. Es probable que nunca regresen a Lahai-Roi en lo que les queda de vida.
Por encima de todo, hemos perdido la piedra angular sobre la que se construyó la Unión Intergaláctica: el Exotitán que en su día forjó el futuro de Lahai-Roi.
Aun así, este sigue siendo el mayor logro de nuestra larga lucha contra los Trenodianos de Vacío.
En esta frontera erigida por el pueblo de Solaris ante un mundo por explorar, innumerables pioneros se perdieron para siempre en las Tormentas de Vacío.
Las cintas que registraron su frecuencia aún se conservan en los rincones más profundos de nuestros archivos.
Roald, Koki, Mingxia, Beverly, Bajcetic… Muchos de vosotros conocéis estos nombres. Fueron los primeros exploradores, el grupo inicial de investigadores que llegó al Páramo Helado desde todos los rincones de Solaris. También fueron los primeros en intentar vencer al vacío con sus grabaciones, con la esperanza de revelar la verdad tras las tormentas.
Y antes que ellos, hubo muchos más…, cuyas cintas nunca se recuperaron, perdidas para siempre en las Tormentas de Vacío.
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Hoy estoy aquí para hablar de estos «costos». No para obsesionarme con el sufrimiento, sino para recordarles, y recordarme a mí, que este momento que estamos viviendo, y cada mañana que vendrá, es una cadena de milagros construida sobre todo lo que vino antes.
Aún recuerdo mi primer discurso tras asumir el cargo aquí. Fue en el acto conmemorativo del equipo de expedición Roald.
Desde entonces, presencié la desaparición de muchos exploradores excepcionales.
Pero nunca fueron simples nombres sin vida en una lista. Los rastros que dejaron aún nos guían hacia adelante.
Junto con los royas, perdidos en la oscuridad desde tiempos antiguos, resistieron. Se negaron a desvanecerse en la oscuridad eterna.
Los royas. La gente de Rinascita. La gente de Huanglong... Personas de todos los rincones de Solaris, incluso en la oscuridad más profunda del vacío, resistieron la disolución. Siguieron avanzando. Siguieron explorando.
...
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Y lo que vino después... creo que todos ya lo saben. Seguimos aquí. Incluso cuando la nada intentó consumir todo Lahai-Roi, seguimos aquí.
Sí. Perdimos mucho.
Pero en este momento, seguimos en pie. Y seguiremos avanzando.
Aleph-1 intentó hacernos creer que todo termina regresando a la nada. Pero estaba equivocado. Esa señal, enviada por una sonda lanzada por exploradores de Solaris hace años, no era ruido blanco. No era radiación de fondo cósmica.
Era la voz del comienzo. El resplandor del nacimiento del universo. Y aún podemos oírla, después de miles de millones de años.
Así que recuerden esto: todo lo que existió siempre deja un rastro.
La Unión Intergaláctica no se detendrá. Algún día, atravesaremos el Mar Etérico. Nos aventuraremos hacia un mundo más amplio.
Y, como dijo una vez el Exotitán:
¡Que volvamos a encontrarnos en el infinito mar de estrellas!