Garganta del Colmillo
Páramo Helado Roya

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De acuerdo con la postura y los principios de cooperación pacífica compartidos por los signatarios de la Asociación de Pioneros, sus jefes de Estado se reunieron para celebrar varias rondas de debate. El resultado fue la decisión de crear una organización intergubernamental conocida como la Unión Polar (Nota del editor: el predecesor de la Unión Intergaláctica).
Al término de esta conferencia, un anciano roya, al que se le llamaba Solístico, se presentó ante la asamblea.
Las especulaciones sobre sus intenciones rápidamente se extendieron por toda la sala, pero muchos más delegados lo miraban con la sutil vanidad de quien se piensa procedente del «mundo civilizado» y se presta a evaluar a un representante de una tribu antigua. El Solístico, imperturbable ante las miradas, se limitó a murmurar para sí mismo mientras comenzaba a dibujar una serie de patrones intrincados y crípticos. Al principio, muchos los descartaron como simples maldiciones o garabatos sin sentido. Solo cuando los patrones tomaron forma se reveló la verdad: eran fórmulas.
Aunque se basaban en un sistema numérico totalmente diferente al nuestro, una vez se transcribieron los símbolos royas a la notación moderna, las estructuras que expresaban reflejaban las mismas ecuaciones avanzadas que consideramos capaces de remodelar el mundo. En ese momento, la asamblea comprendió lo que el Solístico pretendía transmitir: los royas poseen conocimientos y un dominio matemático a la par con los nuestros y, lo que es más importante, estaban dispuestos a compartir esta sabiduría ancestral con la Unión Polar.
Desde ese instante, las matemáticas se convirtieron en el único lenguaje en la sala. Con unas pocas líneas y puntos dibujados en cuestión de segundos, el Solístico completó una medición astronómica del eje polar, cuya precisión rivalizaba, y tal vez superaba, la que podían producir los instrumentos contemporáneos. El asombro dio paso gradualmente al silencio. Ya no cabía ninguna duda: los logros de los royas alcanzaban e incluso desafiaban el dominio intelectual que reclamaba para sí el llamado mundo civilizado.
El silencio no duró mucho. El Solístico procedió a revelar otra serie de ecuaciones que describían la presencia del fenómeno de Erosionda en Lahai-Roi y mostraban que su actividad había ido en aumento de forma constante con el tiempo. Sin embargo, al final de esta formulación, el Solístico no dio respuesta alguna.
Mientras tanto, la llegada de la Costa Negra no hizo más que incrementar las tensiones. Las observaciones del Sistema Tetis habían indicado desde hacía tiempo rastros de un patrón Trenodiano cerca de Lahai-Roi, pero su frecuencia no tenía nada en común con ningún Trenodiano conocido dentro de Solaris. En otras palabras, no podía provenir de Solaris, ni de ninguna civilización.
Mientras los eruditos debatían las ecuaciones, un miedo intangible se apoderó de la asamblea. ¿Estaban malinterpretando los datos? O ¿acaso era la formulación en sí misma incompleta? Quizás el Solístico no se negaba a dar la respuesta definitiva, sino que era algo que no se podía saber. En ese caso, por primera vez, la humanidad no conocía ni era capaz de conocer el verdadero concepto al que se enfrentaba.
¿Cómo se lucha contra un enemigo incognoscible? Si el concepto en sí mismo no se puede conocer, tampoco se pueden conocer la forma y las capacidades de ese trenodiano. En otras palabras, todas las armas que la humanidad ha ideado pueden resultar inútiles.
Todo se desharía en un vasto abismo «desconocido» que lo devoraría todo.
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El conocimiento que tienen los royas sobre los fenómenos que tienen lugar en Lahai-Roi y los datos que poseen superan con creces los de cualquier representante presente. Si el mundo ha de adentrarse en Lahai-Roi y descubrir la solución, debe confiar en los royas como «guías» imprescindibles. Sin embargo, a pesar de sus vastos conocimientos, las capacidades tecnológicas actuales de los royas son insuficientes para hacer frente a las catástrofes provocadas por los Trenodianos. Quizás por eso el Solístico acudió a la conferencia: ante la inminente crisis del Trenodiano en Lahai-Roi, los royas llevaban mucho tiempo dispuestos a cooperar con el mundo exterior. Solo esperaban el momento adecuado, que ellos denominan el comienzo de la Era del Crepúsculo.
Para los royas, exponerse al mundo exterior puede ser una apuesta arriesgada, pero, una vez despierte el Trenodiano desconocido, el desastre que traerá consigo sumirá a todo Solaris en la ruina... y ya se han preparado para ese trance.
Así pues, cada nación declaró su postura: la Unión Polar establecería formalmente una alianza con los royas y se embarcaría en expediciones conjuntas a Lahai-Roi. Al mismo tiempo, todas las actividades llevadas a cabo por la Unión debían basarse en acuerdos pacíficos, sin causar daño ni trastornos a la sociedad roya.
La conferencia concluyó en armonía, pero nadie se fue tranquilo. Habíamos acudido movidos por la curiosidad ante lo desconocido dentro de Lahai-Roi, y acabamos marchándonos con nada más que miedo a ese mismo misterio.
Y así, el último erudito de la Nueva Federación que se marchó dijo: «Este miedo… cuesta ponerle nombre, pero es el más primitivo y poderoso que habita en nosotros. Para la humanidad, siempre ha sido el temor a lo desconocido».